CIVIMO Sala 4: «ESCUELA DE SERVICIO DIVINO»

CUARTA SALA: ESCUELA DE SERVICIO DIVINO

¿Qué es esto de «escuela de servicio divino»?

Es la expresión con la que Benito define la vida monástica en el prólogo de su Regla. El término escuela implica un lugar de aprendizaje continuo y discipulado, el marco diseñado para que crezcamos espiritualmente y aprendamos a buscar a Dios en todos los aspectos de nuestra vida diaria: la oración, el trabajo manual, la obediencia, la humildad, el servicio mutuo en la caridad. Esta escuela se desarrolla en un contexto comunitario cenobítico, bajo la guía de un Abad y una Regla escrita. La obediencia es un pilar fundamental del aprendizaje permitiéndonos retornar a Dios de quien nos habíamos alejado por la desidia de la desobediencia. San Benito busca establecer una escuela donde no haya nada áspero ni gravoso. El objetivo es el crecimiento espiritual y el encuentro con el misterio de Cristo, transformar la vida cotidiana en un camino de aprendizaje para servir a Dios.

 

Seguro que a través de los diferentes espacios monásticos voy a descubrir mucho de su forma de vida. Lo primero que me encuentro es la portería, ¿qué me puede decir de ella?

Es el punto de contacto del monasterio con el mundo exterior, un espacio de discernimiento y bienvenida. El portero debe ser un monje anciano encargado de recibir a todos los visitantes y proteger el espíritu de la comunidad; es un cargo crucial de discernimiento y caridad.

Su función es responder a las llamadas y valorar las intenciones de los que llegan. Su celda está junto a la puerta para asegurar que siempre haya alguien respondiendo. Es responsable de mantener la autonomía y la paz interna del monasterio.

El siguiente espacio es la celda monástica, ¿qué función tiene?

Es el lugar sagrado y personal del monje, nuestra patria cenobita, donde debemos encontrar a Dios, crecer en virtud y estabilidad y evitar la dispersión. Como el lugar del pez es el mar, así el lugar del monje es la celda; dicen los Padres del desierto. No es un lujo, sino un espacio de oración y trabajo que fomenta la disciplina, la humildad y la caridad.  Siendo el núcleo de nuestra vida monástica, es un lugar para estar delante de los ojos de Dios. Pero, no solo es un lugar físico, sino un espacio interior de recogimiento. No es un refugio; debe fomentar la unión con los hermanos. Es el micro mundo del monje, un espacio bendecido para la transformación personal y unión con Dios, siempre enmarcado en la vida comunitaria y de amor fraterno.

En la celda hay una monja realizando la lectio divina, ¿díganos algo sobre ella?

 Representa a la infanta Dña. Elvira Ramírez, a la que consideramos nuestra primera monja. Vive del 934 al 986 y es hija del rey Ramiro II y Urraca Sánchez. Monja desde muy joven en el monasterio de San Salvador de Palat del Rey. Como hermana del rey Sancho participa en la traída de los restos del mártir Pelayo a León y se traslada al nuevo monasterio que se funda para la custodia de los restos. Siendo monja actúa con mucho acierto y brío como regente de su sobrino Ramiro III, en su minoría de edad.


Otro espacio importante es el refectorio, ¿no?

Es un espacio sagrado donde la comida se convierte en un acto litúrgico y de comunión silenciosa, priorizando la palabra de Dios y la unidad fraterna sobre las necesidades físicas. Durante las comidas se realiza alguna lectura edificante; es un lugar de recogimiento, no de charla, se busca la comunión con Dios y los hermanos. El silencio no aísla, sino que fortalece la comunión y la comunicación.

 ¿Quién es el mayordomo y cuáles son sus funciones?

Es el encargado de la administración de todos los bienes del monasterio y hacerlo como si fueran vasos sagrados. No será avaro ni derrochador y siempre bajo la autoridad del Abad y rindiendo cuentas a Dios. Tiene la responsabilidad especial de atender a los enfermos, niños, huéspedes y pobres. Si no puede dar lo que se pide, debe negarlo con humildad y ofrecer una buena palabra. Es un administrador fiel, humilde y caritativo, cuya gestión de los recursos materiales está siempre al servicio de la vida espiritual y de las necesidades de la comunidad monástica bajo la guía del Abad.

Aquí parece que hay una enfermería, ¿no?

Sí. La Regla enfatiza el cuidado de los enfermos y lo equipara con servir a Cristo y exige un enfermero celoso de Dios, entregado y atento, que cuide de ellos en una celda aparte, asegurando que no sufran abandono y permitiendo comidas especiales.

Qué curioso, ¿también hay una ropería?

Sí. La Regla dice que los que reciben ropa nueva, deben devolver siempre, y al momento, la vieja y guardarla en la ropería para los pobres. Al monje le basta tener dos túnicas y dos cogullas para mudarse por la noche y lavarlas; el resto es superfluo y se debe suprimir. El calzado y todo lo viejo se ha de entregar al recibir lo nuevo. Parece que la idea es que nada se pierda ni desperdicie.

Un jardín vertical nos evoca la huerta, un espacio que los profanos vinculamos tanto a los monasterios.

Es parte de la vida monástica y el lugar propicio para el trabajo físico, que es esencial para el autoabastecimiento, la humildad, la obediencia, la oración y donde se cuida la creación de Dios. A la huerta se la ve como un medio práctico para alcanzar la perfección. También tiene un importante componente de contemplación, esparcimiento, relación fraterna, belleza.

También tenemos la reproducción de la sala de comunidad, ¿qué nos puede decir?

Es muy importante y donde más se visualiza la familia monástica. Cada día existe un tiempo llamado de «recreación» donde se comentan los asuntos surgidos durante el día, ya que el trabajo es en silencio; y también se produce cierto esparcimiento. Puede ser el lugar donde el abad convoca a toda la comunidad para tratar asuntos importantes. El abad expone el tema, escucha el consejo de todos y reflexiona antes de decidir lo que es más útil.

Y para terminar la sala, una minibiblioteca. Bien sabida es la gran relación entre fe y cultura que se desarrolla en muchos monasterios.

Así es. Los monasterios, fueron durante muchos siglos, los únicos depositarios de la cultura. La actividad de copia de manuscritos fue el trabajo de muchas generaciones de monjes, al igual que la formación tanto de la infancia como de la juventud en la universidad y el cultivo de las artes musicales, pictóricas, escultóricas y literarias.

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