CIVIMO Mártires

ANEXO I: MÁRTIRES CUYAS RELIQUIAS CUSTODIA LA COMUNIDAD

 SAN ADRIÁN Y SANTA NATALIA

Adrián, de 28 años, nacido en Nicomedia, Turquía, es un caballero ilustre y principal del Emperador Maximiano. Al ver la ejecución de los mártires e impresionado por la alegría y fortaleza con la que se enfrentan a la muerte, decide hacerse cristiano; y Maximiano decreta su martirio. Murió en el año 306.

Después de morir San Adrián, los fieles recogen secretamente los restos y los llevan a su mujer Natalia quien, con los restos de su marido, se va de Nicomedia a Bizancio donde dedica su vida al servicio de Dios.

Los restos llegan a Roma, donde se protegen y veneran mucho las reliquias y se construyen iglesias para venerarlos y se realizan oficios litúrgicos.

En el siglo X, el Papa Juan VIII pide al rey Alfonso III ayuda para combatir a los árabes. El papa, agradecido, dona las reliquias de estos santos, Adrián y Natalia, al rey. Se fundan dos iglesias en el norte de España, Asturias y León.

En 1602, son llevadas las reliquias de San Adrián y Santa Natalia al Monasterio de San Pedro de Eslonza, colocándose en la sacristía dentro de un arca de plata.

Al efectuarse el Decreto de la exclaustración por la desamortización de Mendizábal en 1836, un religioso de este monasterio, fray Antonio González, toma a su cargo la custodia de la urna con la esperanza de que algún día pueda volver a recibir culto en la iglesia. Al llegar el párroco a edad avanzada, pone en conocimiento del obispo de León este hecho, quien decide trasladar las reliquias al Monasterio de benedictinas de Santa María de Carbajal en la capital leonesa. La elección de este cenobio se asienta en que, desde hacía muchos siglos, estas reliquias habían pertenecido a otro monasterio de la misma Orden. Hoy, las Carbajalas custodiamos, desde 1878, la actual urna de plata, situada bajo el altar.

SAN PELAYO
     San Pelayo nace en Albeos, un pueblecito de Pontevedra cerca de Tuy en el año 912.
El 26 de julio del año 920 tiene lugar la batalla de Valde-junquera cerca de Pamplona, entre el califa Abderramán III y los reyes cristianos Sancho Garcés I de Pamplona y Ordoño II de León y los cristianos sufren una gravísima derrota.
     Es costumbre que los obispos acompañen a los reyes en las guerras, por lo que en esa batalla resultan prisioneros los obispos Dulcidio II de Salamanca y Hermoigio o Hermigio de Tui, tío de Pelayo, que son llevados a las mazmorras de Córdoba.
     Sobre los últimos meses del 921, el hermano del obispo y padre del niño Pelayo, junto con el niño, se dirigen al emirato de Córdoba y allí negocian el intercambio de Pelayo por su tío con la condición de que éste regrese a Tui para poder pagar el rescate del niño y quedar libre. Esto nunca se realiza. Pelayo tiene unos 10 años y está tres años y medio en la cárcel.
     En la cárcel, Pelayo sigue con su vida de oración. Es muy conocido entre los demás presos por su belleza natural e inteligencia llegando a oídos de Abderramán III que, encaprichado con el niño, le ofrece todo tipo de regalos para que renuncie a su religión y se haga musulmán y también le hace propuestas des-honestas. A nada cede.
     Ante la negativa ordena que lo descuartizasen con tena-zas o espada y que sea tirado al río. Los fieles recogen los restos y la cabeza y la guardan en el cementerio de la basílica de San Cipriano y el resto del cuerpo en el camposanto de la iglesia de San Ginés. Es el 26 de junio del año 925, Pelayo tiene alrededor de 13 años y medio. Desde entonces descansan las reliquias en Córdoba hasta el año 966.
     Muy pronto ya tiene una misa compuesta en su honor y su culto se propaga rápidamente por toda España, sobre todo en Galicia y Castilla y también el martirio de Pelayo goza de un eco insólito por tierras europeas.

TRASLADO DE LAS RELIQUIAS DE SAN PELAYO DESDE CÓRDOBA A LEÓN (Breve historia del Reino Leonés en la segunda mitad del s. X.)
     -Ramiro II reina en León desde el 931 hasta el 951. Su hijo, Sancho I, en el 956, sube al trono leonés, pero dos años después es rechazado por su extrema gordura, de hecho, se la apodaba “el gordo”, pesaba 240 kg. Es destronado por los nobles leoneses y castellanos.
     -Al ser destronado, Sancho acude al lado de su abuela, la reina Toda Aznárez de Pamplona, a quien pide ayuda para recuperar su reino. Esta hace un trato con el califa Abderramán III para conseguir tratamiento del médico de su corte Hasday ibn Saprut para su nieto y poder perder peso. En el 958 llega sancho I a Córdoba. En el 959, Sancho, curado regresa a la capital leonesa.
     -Sancho I, durante el tiempo de su tratamiento, tiene grandes noticias de la admirable vida de San Pelayo, y llegado a León, y aconsejado por su hermana la infanta Dña. Elvira, monja benedictina, y también por su mujer Dña. Teresa Ansúrez, decide conseguir el cuerpo de San Pelayo mártir.
     -Envió como embajador a Córdoba a Velasco, obispo de León, y otros caballeros principales. Entretanto manda edificar un monasterio en León de la orden benedictina, llamándole de San Pelayo, edificado en la zona que hoy corresponde a San Isidoro, al lado de otro ya existente dedicado a San Juan Bautista. Dña. Elvira Jiménez, que es monja del monasterio de San Salvador de Palat del Rey, hace venir a las religiosas de aquella comunidad a la nueva fundación conocida como San Pelayo y San Juan.
     -Pero el Rey Sancho I muere antes de que llegaran las reliquias a León que son recibidas por su hijo el Rey Ramiro III de 5 años, su madre Dña. Teresa y su tía Dña. Elvira.
     -Unos 20 años después hacia el 988, avanza, sobre León, Almanzor con sus tropas y destruyó la ciudad. El 11 de febrero del 995, las monjas leonesas, para poner a salvo las reliquias de San Pelayo, ante la amenaza de Almanzor, se mar-chan a Oviedo, donde permanecen los restos del santo hasta la actualidad.
     -Pasado el peligro de Almanzor la reconstrucción y re-población de la ciudad de León empieza sin demora. A comienzos del siglo XI y entre las tempranas reconstrucciones se cuenta la del monasterio de San Pelayo y la Iglesia de San Juan. En torno a estos dos templos se reorganizó nuevamente la comu-nidad de monjas y aparece junto a ellas, y dependiendo de ellas, una comunidad de varones.

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