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CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA VIDA MONÁSTICA (CIVIMO) BENEDICTINAS DE LEÓN

Buenos días, madre, ¿Qué voy a encontrarme en esta visita guiada al CIVIMO, el centro de interpretación de la vida monástica, que su comunidad ha abierto en un espacio del monasterio?

Buenos días. Queremos ofrecerte una experiencia de la espiritualidad monástica y especialmente de la benedictina. Nuestro propósito último es facilitarte el encuentro con tu «ser monástico», presente en la naturaleza humana y en el inconsciente colectivo, como un modelo de desarrollo y de búsqueda de la felicidad y la verdad. Solo lo que se conoce se puede amar. Por eso, sentimos el impulso de mostrar esta forma de vida que tanto ha aportado a la humanidad y a millones de personas concretas como tú y yo, en su desarrollo. Penetrar en el CIVIMO es sumergirse en la vida cotidiana monástica encarnada en esta comunidad benedictina de León con más de mil años de historia.               

¿Dónde me encuentro?

Estás en el primer piso del claustro del monasterio, de estilo renacentista, clásico, con arcos sólidos de medio punto sobre pilares cuadrados adornados con jardineras. Este primer piso es abierto y el segundo piso se encuentra acristalado y no se visita. En el centro, puedes disfrutar de un pequeño y cuidado jardín de plantas de hoja perenne (acebo, boj, hiedra y geranios) alrededor del brocado de piedra labrada de un pozo.

 

¿Con qué actitud tengo que acercarme al CIVIMO?

Una pregunta muy oportuna. La respuesta la tienes en este cuadro moderno de Santa Hildegarda, doctora de la Iglesia, en oración, que te invita al necesario recogimiento para que tu visita dé frutos.

Sí, parece que todo aquí me lleva a dejar el ruido y entrar en otra dimensión, otra onda, que dicen los jóvenes. Por el camino me encuentro un banco antiguo de madera con iniciales grabadas y una caldera de leña de hierro fundido para calentar el agua. Ya veo la entrada, ¿explíqueme que son estos elementos que se encuentran al lado de la puerta?

En primer lugar, tienes la “Puerta del torno” de la antigua portería del monasterio, cuando los monasterios benedictinos son incluidos dentro de la “clausura estricta” de la vida contemplativa. Posteriormente, tras el Concilio Vaticano II, ya tenemos un carácter propio diferente tanto de la vida contemplativa pura como de la vida activa.

Encima del torno hemos colocado una pieza del artesonado que tenía el coro alto del monasterio; solo se conserva este resto.

Ahora tienes que abrir la puerta del torno. ¿Qué te dice? Es muy sabio, tiene muchos años y ha sido protagonista de muchas historias.

Me da un poco de reparo, madre.  Abro el torno y me encuentro con un espejo roto que me pregunta: «¿Cómo te ves?». «Dividido en pedacitos, un poco deforme». «Si unes completamente los pedazos, contemplarás tú ser», sentencia.

El espejo te insta a la unificación como característica principal del ser monástico, del unificado, el uno.

A tu derecha tienes un atril de hierro forjado con un mensaje de bienvenida y encima un cirio pascual pintado a mano por una monja.

Ahora ya podemos entrar en el CIVIMO.

PRIMER CONJUNTO: «EL MONACATO, FENÓMENO UNIVERSAL».

En este primer panel veo un monje en oración uniendo con su cuerpo imágenes de comunidades monásticas de diferentes religiones: budistas, jainistas, católicos, ortodoxos, derviches. ¿Qué quiere transmitir?

Que el monacato es un fenómeno universal que se encuentra en diversas culturas y religiones, porque antes que un hecho religioso, es un hecho antropológico, que implica una forma de entender a la persona como «hecha para Dios».

Esta dimensión monástica, «del encuentro con la divinidad» está presente en toda persona y lo que hacemos los monjes es dedicar nuestra vida a desarrollar esta faceta como único objetivo.

El monacato, aunque asume formas diversas, respeta una serie de elementos comunes: búsqueda de Dios, sentido de impermanencia, renuncia, unificación interna, paz, vida comunitaria…            

Por estas similitudes, la Iglesia Católica encargó a los monjes benedictinos y cistercienses ser «puente entre las religiones» y se creó el DIM (diálogo interreligioso monástico) para favorecer el diálogo y los intercambios de vida entre monjes de diferentes religiones; organización de la que somos miembros

SEGUNDO CONJUNTO: «ORIGEN DEL MONACATO CRISTIANO».

¿Qué representa este segundo grupo escultórico?

Aquí puedes observar las imágenes en madera pirograbada de 3 Padres del desierto: Casiano, Antonio y Pablo, el ermitaño, con sus atributos iconográficos tradicionales, realizados en el monasterio.

¿Quiénes son estos Padres del desierto, que tienen un nombre tan sugerente, y cuándo y cómo nace el monacato cristiano?

Nace tras la paz de Constantino, cuando acaban las persecuciones de los cristianos. Surge en los desiertos de Egipto, Palestina y Siria, entre los siglos III y IV, con los llamados Padres del desierto, ermitaños que viven en grutas o cuevas.  Se considera al abad Antonio como el modelo de ermitaño.

Posteriormente, los monjes se agrupan y se forman las comunidades cenobitas, donde conviven varios monjes respetando una regla y un abad, sobre todo a raíz de San Pacomio, que redacta la primera regla para cenobitas.

Ellos son nuestra «tradición monástica» y sorprenden porque, a pesar de alejarse físicamente de la sociedad, o quizás gracias a ello, son especialmente sensibles a todos los interrogantes humanos y tienen respuestas válidas no sólo para su época, sino para todos los tiempos.

¿Cómo viven?

Muy sencilla, austera y solitariamente. Cultivan el silencio de los pensamientos y la meditación asidua de la Sagrada Escritura. Se dedican, principalmente, a la oración continua y al trabajo manual, ayudando a los necesitados con el fruto de éste.

Los peregrinos acuden a un «abba» o «ama», maestro carismático, y solicitan su consejo formulando una pregunta. La respuesta tiene como fruto una iluminación, una ayuda para superar algún obstáculo o un nuevo conocimiento de Dios. Sus dichos o «apotegmas» se recopilan y traducen a numerosos idiomas y son fundamentales para conocer su historia.

¿Qué son esos cubos flotantes que se encuentran encima de los Padres?

En ellos hemos escrito algunos de los apotegmas más conocidos:

«El padre Teófilo, arzobispo, fue un día a Escete. Los hermanos reunidos le dijeron al padre Pambo: «Di al padre una palabra de edificación». El anciano les dijo: «Si no es edificado por mi silencio, no podrá serlo por mis palabras»».

«Bienaventurado el hombre que mira la salud y el progreso de todos como los propios, con toda alegría» (Evagrio Póntico).

La Amma Teodora dijo que ni la ascesis, ni las vigilias, ni la fatiga salvan, sino sólo la humildad sincera. «Había una anacoreta que expulsaba a los demonios, y les dijo: «¿Qué os hace salir? ¿El ayuno?» Dijeron: «Nosotros ni comemos ni bebemos». «¿Las vigilias?» «Nosotros no dormimos». «¿La soledad?» Dijeron: «¡Nosotros vivimos en los desiertos!» «Pues, entonces, ¿qué es lo que os expulsa?» Y dijeron: «Nada nos vence, a no ser la humildad». «¿Veis que la humildad es el medio para vencer a los demonios?»».

Le preguntaron a Isaías de Escete: «»¿Qué es el amor al dinero?» Respondió: «Es no creer que Dios cuida de ti, desesperar de sus promesas y querer hacerte grande»».

«Monje es aquel que está separado de todos y unido a todos. Y monje es aquel que se siente uno con todos por la costumbre de verse a sí mismo en cada uno» (Evagrio Póntico).

«No es gran cosa estar pensando en Dios; lo grande es amar a todas las criaturas» (Abad Sísoes).

 

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