«SOY»; PERO ME ESTOY HACIENDO LO QUE SOY.

Hay un amor incondicional de Dios al mundo. Mas, ¿cómo se nota, cómo se hace concreto? Muriendo su hijo en la cruz.

En Getsemaní, se ve cómo ni Dios mismo esperaba que fuera tan algo el coste de la redención. Le pilló por sorpresa

Nosotros estamos unidos a Cristo; por ello, nos salvamos al recibir este gran amor y gran sufrimiento.

Esta unión con Cristo es como la vid y las ramas, la cabeza y el cuerpo, llegando a una unidad total. Esta unidad es la que nos proporciona el Espíritu Santo. Entonces, en todos nosotros, aparece un nuevo nacimiento, una regeneración. Y ésta es la realidad que define nuestra persona. Esta identidad sobre toma prioridad sobre todas las demás identidades. Por encima de todo, somos HIJOS DE DIOS, somos santos, somos consagrados.

Esta realidad tiene una dimensión definitiva, pero también otra progresiva: soy; pero estoy haciendo lo que soy.

El final es una transformación vital con la imagen de Jesucristo.

(Sor Ernestina)

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