NUESTRA IDENTIDAD

El Señor ha llegado a una encrucijada. Ha terminado su tiempo de preparación, de búsqueda, y desea bautizarse, comenzar una nueva vida. Y así, él se bautizó como todos nosotros. Pero ¿qué hace diferente su bautismo? Se abre el cielo, el Espíritu desciende y se oye la voz del Padre diciendo que Jesús es su hijo. Es decir, hay una tremenda irrupción de Dios en una vida humana.

Todo lo que necesitamos saber acerca de nuestra identidad lo tenemos aquí relatado en la frase: «Tú eres mi hijo amado en quien me complazco».

Ya sabemos quiénes somos y nunca, nadie, podrá quitarnos nuestra identidad.

A Jesús le llevó un tiempo entenderse como el Hijo de Dios. Pero ya desde este momento, su única misión fue la obediencia total a la voluntad de su Padre.

(Sor Ernestina)

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