LLAMADOS…

Jesús llama a sus discípulos y los envía a una misión.

El seguimiento de Jesús es algo peligroso: hay naufragio, sufrimiento… Así y todo, han de cumplir su encargo.

Jesús necesitaba personas que hicieran más que dar clases de medicina; tenían que trabajar con él en su viña.

Podemos imaginar cómo impactó este mandato a los apóstoles. Posiblemente, como a nosotros, al principio fue paralizador. Les dice: «Haced discípulos de todas las naciones»; a ellos que son personas comunes y corrientes y con muchas limitaciones.

Han de confiar en Jesús. Se les promete autoridad sobre las enfermedades y el mal.

La cuestión es que hay que arriesgarse y obedecer sin esperar ningún tipo de señal clarísima o de un gran fervor espiritual. Hay que obedecer una llamada, la vocación. Nosotros no estamos llamados a entender las llamadas, sino para seguirlas.

(Sor Ernestina)

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