- benedictinas
- 26/07/2026
- 12:32
Hay algo en la vida de cada uno que es de gran valor, el valor supremo. Y cuando lo descubre y lo acoge, encuentra una felicidad plena y profunda.
El problema es que está escondido.
Algunos piensan que, para encontrarlo, hay que estar mucho tiempo meditando, en silencio reflexivo, como que estuviera en un pozo metido y que habría que descubrirlo.
Según nos lo presenta el evangelio de hoy (Mt 13, 44-52), lo encuentra uno que está caminando por el campo (¿cavando…?), otro está atendiendo su tienda de perlas, otro preparando la comida pescando a la orilla del mar cuidando de su familia.
Se descubre el tesoro escondido en el sacrificio de la propia vida y no en un ejercicio meditativo de introspección.
¿Hemos entendido esto?
(Sor Ernestina)
