CORPUS CHRISTI

Jesús hoy nos dice que nos da su carne como pan vivo. Pero nos es difícil comprender qué nos da y para qué nos lo da.

¿Qué nos da? Y decimos su presencia. Pero la respuesta no está completa. No es una presencia cualquiera; es una presencia como entrega de vida. Es decir, es una presencia sacrificada. Es una presencia sacrificada, dice Jesús, para que tú vivas.

Y ¿para qué nos da su presencia sacrificada? Surgen malentendidos…

Jesús no nos une a él para que le adoremos principalmente; sino para que le imitemos.

En una unión tan fuerte como la que tenemos al comulgar no se nos deja ensimismados, sino que se nos lanza hacia una entrega y servicio a nuestros hermanos.

Este texto no nos invita a disfrutar de una presencia (llevo al Señor conmigo), sino a una profunda transformación de nuestra vida.

En la comunidad cristiana nos define el amor y la unidad. Esto es lo que verdaderamente manifiesta una presencia eucarística: la aportación de mi vida a la construcción de un solo cuerpo con mi contribución de mi amor y la capacidad de entrega sacrificial.

(Sor Ernestina)

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