- benedictinas
- 07/06/2026
- 16:14
Jesús hoy nos dice que nos da su carne como pan vivo. Pero nos es difícil comprender qué nos da y para qué nos lo da.
¿Qué nos da? Y decimos su presencia. Pero la respuesta no está completa. No es una presencia cualquiera; es una presencia como entrega de vida. Es decir, es una presencia sacrificada. Es una presencia sacrificada, dice Jesús, para que tú vivas.
Y ¿para qué nos da su presencia sacrificada? Surgen malentendidos…
Jesús no nos une a él para que le adoremos principalmente; sino para que le imitemos.
En una unión tan fuerte como la que tenemos al comulgar no se nos deja ensimismados, sino que se nos lanza hacia una entrega y servicio a nuestros hermanos.
Este texto no nos invita a disfrutar de una presencia (llevo al Señor conmigo), sino a una profunda transformación de nuestra vida.
En la comunidad cristiana nos define el amor y la unidad. Esto es lo que verdaderamente manifiesta una presencia eucarística: la aportación de mi vida a la construcción de un solo cuerpo con mi contribución de mi amor y la capacidad de entrega sacrificial.
(Sor Ernestina)
