CIVIMO Sala 5: «COMUNIDAD DE SANTA MARÍA DE CARBAJAL»

Esta última sala del CIVIMO recoge la historia concreta de su familia benedictina, ¿cómo y cuándo es su origen?

En el 966 reina en León Sancho I, el Gordo, que viaja a Córdoba por motivos de salud. Su esposa, la reina Dña. Teresa Ansúrez y su hermana, la infanta Dña. Elvira, al escuchar lo que se dice del niño mártir Pelayo, persuaden al rey para que traiga sus restos a León. Entonces el rey don Sancho manda construir un monasterio para colocar en él, con todo honor, el cuerpo del joven mártir. Ese monasterio es el origen del nuestro.

Empezamos nuestra andadura en el año 966, en la vida monástica de León, con el nombre de San Pelayo y vivimos en la zona que corresponde hoy a la Basílica de San Isidoro. Probablemente seguimos la Regla de San Benito, que se observa en León desde el año 905.

 

Pero no durará mucho su estancia en ese primer monasterio, ¿qué ocurre cuarenta años más tarde de su creación?

El día 11 de febrero de 995, ante la amenaza del caudillo árabe Almanzor, abandonamos el monasterio para poner a salvo las reliquias de San Pelayo y las depositamos al amparo de nuestras hermanas las monjas de Oviedo cuya casa, bajo la advocación de San Juan Bautista, se llamará desde ese momento de San Pelayo y allí continúan los restos del santo mártir.

Pero no acaba ahí la historia, ¿no?

Ni mucho menos. En el año 1011, figura ya en la ciudad de León el monasterio restaurado de San Pelayo al que hemos regresado las monjas sin los restos del mártir. En la portada de este templo están las imágenes de las primeras advocaciones, San Juan Bautista y el mártir San Pelayo. En 1063, los reyes Don Fernando I y Dña. Sancha de León, para enriquecer la iglesia de estilo románico de San Pelayo, traen de Sevilla los restos de San Isidoro, hito que nos traerá consecuencias.

Son tiempos difíciles, se está a merced de las decisiones reales y de los nobles.

Exacto. Corre el año 1148, el Emperador Alfonso VII, secundando los deseos de la infanta Dña. Sancha Raimúndez, su hermana, entusiasmada por la afluencia de peregrinos que acuden a visitar la tumba de San Isidoro, quiere engrandecer el recinto y la veneración; y piensa para esta tarea en los canónigos regulares de San Agustín, que residen en Carbajal de la legua. Y hace una permuta con las monjas benedictinas que estaban hasta la fecha. Tras decisión de las Cortes Generales de Palencia, nos trasladan a Carbajal de la Legua, tomando nuestra comunidad el nombre de Monasterio de Santa María de Carbajal y así se nos conoce desde entonces. Allí iniciamos una nueva etapa que durará 452 años.

Nuestros principios en Carbajal de la Legua son difíciles. Si bien, pronto llegamos a adquirir un gran patrimonio debido a las donaciones reales de obispos, dotes de las monjas que llegan al convento y compras. También gozamos de gran prestigio social y político.

Los siglos XII y XIII son de gran esplendor. A finales del siglo XVI se propone el traslado a la ciudad de León por motivos económicos, espirituales y por la salud física de las hermanas, ya que el monasterio, ubicado en zona pantanosa, es malsano.

La imagen de San Roque que puedes ver viene de Carbajal de la Legua y es muy querida, porque a su protección la comunidad achaca que no les afectara la peste.

¿Cuándo llegan a la actual ubicación?

En 1600 regresamos a la ciudad de León, conservando nuestro nombre de «Carbajalas», que hasta nuestros días recuerda nuestra procedencia. Somos treinta hermanas, traemos un rico archivo, pertenecemos a la nobleza leonesa, según es costumbre de la época. Somos recibidas con gran pompa y solemnidad, según cuentan las crónicas.

Nos instalamos en el Burgo Nuevo, un barrio al sur de la ciudad, al exterior del recinto amurallado. Los edificios limitan con la llamada Plaza del Mercado o del Grano, junto al Camino Francés, que conduce a Santiago de Compostela. El lugar es donado por la familia de los Quiñones, en la rama colateral de la Casa de Alcedo. Conservamos un rótulo en la cornisa de la capilla mayor, que menciona dicha donación.

Nuestra vida discurre llena de circunstancias más o menos favorables. Destaca una gran penuria económica a principios del s. XX que nos obliga a vender casi todo el patrimonio y a que, en 1930, montemos una granja y en 1945 se lleve a cabo la fundación de un colegio instalado en la sala capitular. En 1953 el ministerio de Educación Nacional crea en el monasterio la escuela de Patronato, escuela parroquial que crece paralela al colegio.

En 1960, ante la imposibilidad de seguir viviendo en el viejo caserón, acordamos levantar un monasterio nuevo y en 1965 nos mudamos. Del antiguo edificio queda en pie la iglesia, “las paneras” y un trozo de fachada. En 1966 se crea la Escuela- Hogar.

 

Y llegamos a la actualidad, ¿qué nos puede contar de hoy día?

Ahora somos 22 hermanas de edades comprendidas entre los 18 y 93 años. Procedentes de España, República Checa, Perú, Tanzania, República democrática del Congo, Colombia, Chile y Filipinas. Organizamos nuestra vida según la Regla de San Benito, que comprende la oración, el trabajo, la vida de comunidad, el estudio y la acogida a los huéspedes.

Nuestras actividades son variadas, algunas ya las hemos nombrado; pero, para recapitular: tienda de artesanía, casa de espiritualidad, escuela de formación, albergue de peregrinos, taller de diseño, taller de pastas. Tenemos una Fundación con actividades de voluntariado, ayudas sociales, editorial con publicación de libros, talleres de discernimiento vocacional y acompañamiento.

¿Cuéntenos algo más sobre el albergue de peregrinos?

En 1994 León es la única ciudad grande del Camino de Santiago que no tiene un Albergue. Al año siguiente, un grupo de 6 personas, peregrinos leoneses, recorren las instituciones públicas y privadas de la ciudad señalando el problema y pidiendo un lugar donde alojar a los peregrinos.

Por unos u otros motivos, todos se desentienden excepto nosotras, las monjas «Carbajalas» de la Plaza del Grano, que nos sentimos obligadas a acoger a los peregrinos en sintonía con el espíritu de hospitalidad propio de la Orden Benedictina, aunque con muchas dudas por el posible impacto en sus vidas. Cedemos unas dependencias desocupadas en el edificio donde estaba el colegio. Y en verano, con el colegio cerrado por vacaciones, el albergue se amplía al gimnasio y el patio. Una vez cerrado el colegio, se amplía el albergue hasta llegar a los 500 m2 actuales.

La atención a los peregrinos el primer año estuvo a cargo del grupo fundador, de las monjas y de unos pocos voluntarios, pero en años sucesivos aparece la figura del «hospitalero voluntario» como expresión de la Acogida Cristiana en el Camino. Procedentes de cualquier región española o del extranjero, los voluntarios acogen y atienden a los peregrinos en el Albergue de las Carbajalas, hasta hoy.

Es conocida su especial relación con las cofradías de Semana Santa, ¿no?

Sí, aquí tienes expuestos diferentes cuadros con los nombramientos de «Cofrades de honor» a la comunidad. Siempre hemos cedido espacios durante la Semana Santa para que las cofradías puedan engalanar los pasos y salir a procesionar. Además, se custodian en las dependencias del monasterio diversos pasos e imágenes de cofradías.

Y también veo por las fotos que tienen amigos, voluntarios y colaboradores.

Contamos con el inestimable y necesario apoyo de amigos, voluntarios, colaboradores, que nos ayudan en multitud de tareas, también hay que mencionar el Hermanamiento con el P. Deogracias de Tanzania.

Hace unos años se ha procedido al hermanamiento con la parroquia del Padre Deogratias de Tanzania, que dirige un proyecto para dar formación a niños sin recursos y también a niños con discapacidad que no están escolarizados. En este hermanamiento también colaboran los amigos del monasterio y la Fundación Santa María de Carbajal.

 

En el pasillo, he visto un panel con información de un monasterio filiar, ¿de qué se trata?

   Es el priorato de Santa María de la Serna, en la población actual de Santa Marta de Salamanca, paraje donado por Alfonso IX en 1194 al monasterio de Santa María de Carbajal de la Legua. Pasa por varias vicisitudes de incendios e inundaciones cambiando de ubicación hasta que en 1556 las salmantinas se independizan de las leonesas y siguen cambiando de localidad hasta llegar al convento de Nuestra Señora de las Dueñas de Alba de Tormes, hoy desaparecido.

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