TERCERA SALA: LABORA
¿Qué supone el labora, el trabajo, para los monjes?
En esta sala podemos comprobar fácilmente cómo el trabajo, para las familias monásticas, es un medio y no un fin en sí mismo; y, por esto nos es fácil adaptarnos a las necesidades del entorno y del tiempo.
Al principio, nuestra actividad laboral fundamental se relaciona con el campo, el cultivo de la huerta, los frutales y la crianza de animales. Así en esta primera parte de la sala, puedes observar diferentes objetos propios de esta actividad agrícola: la guadaña para cortar la hierba, el rastrillo, la prensa manual de aceite y vino, las artesas para la matanza, la embutidora manual, las madreñas…
¿Qué dice San Benito del trabajo?
En la Regla figura el trabajo como un antídoto contra la ociosidad, ya que ésta es enemiga del alma; por lo cual, cada monje debe ser diligente en la labor asignada.
En contra de la visión de su época que despreciaba el trabajo físico, Benito lo considera un acto sagrado y una bendición equiparándolo a la lectura de la palabra de Dios. Integrado con la oración, el trabajo no es una distracción de Dios, sino una forma de encontrarse con él y unirse a su obra creadora.
El trabajo en común fomenta la unidad, la solidaridad y la caridad entre los monjes que se sirven mutuamente. Es necesario para el desarrollo personal, ayuda a cultivar el sentido del esfuerzo, la creatividad y el gusto por las cosas bien hechas, mantiene el equilibrio entre el cuerpo y el alma.
El trabajo es fundamental para el sustento de la comunidad y para compartir con los necesitados; ya que son verdaderamente monjes, si viven del trabajo de sus manos.
¿Qué más vemos en la sala?
Los monasterios, por su forma de vida de pobreza y separación, tienen una pretensión de autonomía que los lleva a desarrollar multitud de oficios manuales necesarios para la vida diaria. En este sentido, podemos observar diferentes instrumentos para cardar la lana, hacer tejidos, bordar, encuadernar, forrar botones, hacer cíngulos, formas, flores…
¿Cuándo y cómo se produce el cambio de actividades de su comunidad?
Los trabajos agrícolas cada vez son más difíciles y menos rentables en las ciudades; y la comunidad emprende un camino nuevo. Requeridas por las necesidades de una infancia muy numerosa y con dificultades de formación, en los años 40 empezamos a colaborar en la educación de los niños en diferentes formatos: escuela parroquial, colegio, escuela hogar. La formación académica de algunas monjas les ayuda a dar este salto, que dura 57 años.
En el curso 2003 se cierran las aulas: los niños empiezan a disminuir, la oferta educativa es muy amplia y la presencia educadora de la comunidad ya no es imprescindible en la ciudad de León.
¿Cuál es su trabajo en la actualidad?
Tenemos un taller de artesanía donde realizamos iconos, tarjetas, decoramos velas; productos que después vendemos en la tienda monástica u online.
También, un importante obrador de repostería especializado en la elaboración de delicadas y exquisitas pastas artesanales.
Continúa con nuevo empuje el taller de ornamentos litúrgicos y pendones, que realizamos con paciencia y esmero.
Recientemente se ha abierto una casa de espiritualidad donde pueden hospedarse las personas para ejercicios espirituales o para vivir la liturgia y la oración más plenamente.
Para terminar, tenemos una pequeña editorial en la que publicamos varias colecciones de libros escritos por monjas de la comunidad.
Una gran cantidad de nuevas actividades para adaptarnos a los tiempos.
